Era un día muy soleado de verano, yo tenía 10 años.Me parece que era un lunes, aun que no me acuerdo del todo.Yo estaba en mi habitación como todas las mañanas, medio adormilada mirando que ropa me pondría para salir a desayunar a la churreria de mi tío. Elegí el vestidito que me había regalado mi padre, de volantes, cortito pero a mi me quedaba muy grande, de un azul mar como mis ojos.Ahora me queda mejor, muchas veces me lo pongo para salir de fiesta.Me lo puse, me hice dos trencitas en el pelo y baje las escaleras corriendo. De repente oí una voz, que decía tenemos que hablar, me quede al pie de la escalera escuchando lo que decían.
Me empezaron a arder las mejillas, por lo que podéis comprobar me pasa siempre que lloro. Mi padre, el que tanto me había cuidado, el que tanto me había querido, el que me había dado todos los caprichos que quería. Tenía cáncer. Algo irrebersible.Ni con la más dura de las quimioterapias se podría curar. Mis lágrimas caian sin descontrol, una a una rápidamente por mis mejillas. Pero no fue eso lo peor, lo que actuó como un gran puñal en mi pecho fue cuando escuche a mi madre gritarle'' ¡LÁRGATE!si estas así es todo culpa tuya, no quiero verte más''. ¿Lárgate? ¿Pero como cojones se puede hechar la culpa a alguien por tener cáncer?Ni lo entendi entonces, ni lo entiendo ahora. En ese momento recuerdo que me quede sin respiración, demasiados sentimientos, demasiada furia resentida. Oí la puerta. Empezé a correr y vi a mi padre largarse. Entré al salón muy cabreada.
-¿Pero qué cojones has hecho?- Mire a mi madre con los ojos rojos, las lágrimas me seguían cayendo por las mejillas- ¿Te crees que es culpa suya?Mamá no te entiendo, de verdad, eres... eres... Aggggg- subí corriendo a mi habitación y me encerré en ella.
Me extraño que ella no me siguiera gritando, escusandose por la barbaridad que había hecho.Pero no me preocupe mucho por ello.Salí corriendo y le cogí por la espalda y le dí un abrazo tan grande que creo que le rompí las costillas.No quería que se fuera, él era el que siempre me cuidaba, me decía que era una preciosidad, me llevaba al colegio. El me siguió el abrazo con más fuerza aún que la mía. Yo no podía evitar llorar, sentía que me quería morir. Le hubiera donado mi corazón para que no se muriera si hubiera hecho falta.Me dijo que me quería y que pasará lo que pasase jamás me olvidaría.Me acaricio la cara, me apartó el pelo y me secó las lágrimas de las mejillas. Me dijo que me quería y se marcho. Recuerdo que me quedé unas cuantas horas allí sentada, en el suelo. Dejando el agua de mi cuerpo en la acera.No podía conmigo misma, no tenía ganas de volver a casa pero al final tuve que hacerlo. Llegué a casa y volví al salón esperando ver a mi madre, al menos, triste. Pero no. Seguía en la misma posición.La cara pálida pero firme.Me asusté y decidí llamar al médico. Trastorno mental.El médico dijo que una noticia muy fuerte podía causar un daño irreversible en el cerebro. Otra vez note mis mejillas ardiendo pero no tanto como otras veces. En un día había perdido a mis dos pilares. A mi madre aún la veo, cada viernes y fines de semana. Pero sigue con la misma cara que hace ocho años, pálida y firme, pero sin una gota de tristeza.Y no habla, así que es como si no estuviera.Mi padre.Mi padre no tuve más señales de él desde aquel día.Me imagino donde estará y cada vez que el viento me mueve el pelo o me roza las mejillas se que es el, desde donde esté.
Bueno creo que ya sabéis un poquito más de mi.No todo, pero eso lo iréis descubriendo por el camino.Por cierto, mi primer apellido es Urdampilleta, por Marcos Urdampilleta.Natalia Urdampilleta Ramirez, no me gusta.
Me empezaron a arder las mejillas, por lo que podéis comprobar me pasa siempre que lloro. Mi padre, el que tanto me había cuidado, el que tanto me había querido, el que me había dado todos los caprichos que quería. Tenía cáncer. Algo irrebersible.Ni con la más dura de las quimioterapias se podría curar. Mis lágrimas caian sin descontrol, una a una rápidamente por mis mejillas. Pero no fue eso lo peor, lo que actuó como un gran puñal en mi pecho fue cuando escuche a mi madre gritarle'' ¡LÁRGATE!si estas así es todo culpa tuya, no quiero verte más''. ¿Lárgate? ¿Pero como cojones se puede hechar la culpa a alguien por tener cáncer?Ni lo entendi entonces, ni lo entiendo ahora. En ese momento recuerdo que me quede sin respiración, demasiados sentimientos, demasiada furia resentida. Oí la puerta. Empezé a correr y vi a mi padre largarse. Entré al salón muy cabreada.
-¿Pero qué cojones has hecho?- Mire a mi madre con los ojos rojos, las lágrimas me seguían cayendo por las mejillas- ¿Te crees que es culpa suya?Mamá no te entiendo, de verdad, eres... eres... Aggggg- subí corriendo a mi habitación y me encerré en ella.
Me extraño que ella no me siguiera gritando, escusandose por la barbaridad que había hecho.Pero no me preocupe mucho por ello.Salí corriendo y le cogí por la espalda y le dí un abrazo tan grande que creo que le rompí las costillas.No quería que se fuera, él era el que siempre me cuidaba, me decía que era una preciosidad, me llevaba al colegio. El me siguió el abrazo con más fuerza aún que la mía. Yo no podía evitar llorar, sentía que me quería morir. Le hubiera donado mi corazón para que no se muriera si hubiera hecho falta.Me dijo que me quería y que pasará lo que pasase jamás me olvidaría.Me acaricio la cara, me apartó el pelo y me secó las lágrimas de las mejillas. Me dijo que me quería y se marcho. Recuerdo que me quedé unas cuantas horas allí sentada, en el suelo. Dejando el agua de mi cuerpo en la acera.No podía conmigo misma, no tenía ganas de volver a casa pero al final tuve que hacerlo. Llegué a casa y volví al salón esperando ver a mi madre, al menos, triste. Pero no. Seguía en la misma posición.La cara pálida pero firme.Me asusté y decidí llamar al médico. Trastorno mental.El médico dijo que una noticia muy fuerte podía causar un daño irreversible en el cerebro. Otra vez note mis mejillas ardiendo pero no tanto como otras veces. En un día había perdido a mis dos pilares. A mi madre aún la veo, cada viernes y fines de semana. Pero sigue con la misma cara que hace ocho años, pálida y firme, pero sin una gota de tristeza.Y no habla, así que es como si no estuviera.Mi padre.Mi padre no tuve más señales de él desde aquel día.Me imagino donde estará y cada vez que el viento me mueve el pelo o me roza las mejillas se que es el, desde donde esté.
Bueno creo que ya sabéis un poquito más de mi.No todo, pero eso lo iréis descubriendo por el camino.Por cierto, mi primer apellido es Urdampilleta, por Marcos Urdampilleta.Natalia Urdampilleta Ramirez, no me gusta.
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